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INVALIDEZ DE LA SEGURIDAD SOCIAL.
TRES HISTORIAS DE ÉXITO


Las tres historias que a continuación te vamos a contar están basadas en hechos reales, aunque los nombres y ciertos detalles personales han sido modificados. El objetivo es demostrarte cómo ciertos tipos de lesiones o situaciones incapacitantes pueden ser tratados por la Seguridad Social española, al atravesar el proceso de solicitud de una incapacidad laboral en alguno de sus grados.

Deberás tener en cuenta que cada proceso es diferente de los demás, y que tu situación es tan única y diferente como tu propia persona.

Los cambios de estado anímico de Juana estaban fuera de control. Muchos días ella estaba totalmente deprimida y aislada en su habitación. No deseaba salir a la calle y se encerraba en su mundo, aislándose de todo contacto exterior. Nada tenía valor en su vida e incluso por su cabeza llegaban a pasar pensamientos negativos y lúgubres sobre cómo acabar con su miserable situación.

Otros días, en cambio, ese estado de ánimo tan depresivo cambiaba, sintiéndose Juana exultante e hiperactiva, no pudiendo mantener adecuadamente su concentración. Ella no podía entender nada, ya que incluso cuando hablaba se hacía muy difícil para los demás entender qué es lo que estaba intentando expresar, pues sus palabras se agolpaban una tras otra y las ideas se precipitaban en su mente.

Juana acudió a su médico, puesto que sabía que algún desorden mental debía padecer su atormentado cerebro, y fue diagnosticada, tras varios años de tratamientos médicos llevados a cabo por especialistas en los que ella no contribuía excesivamente, de un desorden bipolar.

Después de ver denegada varias veces su solicitud de incapacidad, finalmente, Juana, bien asesorada por un experto, pudo plantear su caso con pruebas contundentes, pudiendo demostrar ante la Administración que su enfermedad era muy grave, y que sus desórdenes psiquiátricos eran invalidantes para cualquier tipo de trabajo.

En la actualidad no solo recibe tratamiento médico adecuado, sino además prestaciones derivadas de una incapacidad absoluta. Andrés tenía amplios conocimientos y experiencia en su trabajo, pero los accidentes ocurren incluso a los trabajadores más experimentados y en los momentos menos propicios. Así, en un momento dado, un accidente de trabajo le produjo una lesión en su espina dorsal, en principio y aparentemente sin demasiada importancia.

Esa lesión, con posterioridad, dio lugar a un dolor crónico en esa zona. Y no hubo tratamiento ni terapia que pudiera ayudarle. Tenía que cambiar de posición cada quince o veinte minutos. El sueño durante la noche se veía afectado. Sus actividades diarias, incluso las más corrientes, se vieron alteradas, y por tanto su trabajo habitual se vio impedido.

Lo que en un principio parecía un accidente leve se transformó en una incapacidad permanente a causa de la lesión sufrida en su propio trabajo, que le impidió volver a realizar las funciones de su puesto de trabajo habitual.

Cuando la Seguridad Social evaluó su caso a través del Equipo de Valoración determinó que debía no solo obtener la prestación económica correspondiente, sino que además debía seguir un tratamiento rehabilitador durante un tiempo. Aunque el dolor físico sigue teniéndolo, Andrés no tiene que preocuparse más sobre su futuro económico.

Sara tenía varios problemas. Su artritis iban de mal en peor, y en ocasiones sus piernas le dolían tanto que no podía permanecer de pie por largo tiempo, no pudiendo realizar sus actividades cotidianas.

Sin embargo, había algo peor: una enfermedad nerviosa y estresante le hacía en muchos momentos perder los papeles. Los médicos psiquiatras determinaron que su problema era depresivo.

Sara perdió su trabajo y solicitó la prestación por Incapacidad permanente. Pero la Seguridad Social se la denegó. Reclamada la misma pasado un tiempo, la revisión de su situación pudo demostrar que con independencia de la artritis, su cuadro depresivo con situaciones de estrés invalidante determinaba una situación de incapacidad laboral permanente.

Todas estas historias tienen un vínculo común: su final exitoso. Pero cada pretensión es diferente e individual. En cualquier caso, siempre un buen asesoramiento puede enfocar adecuadamente tus medios para asegurarte el mejor resultado posible.

José Alberto Andrío
www.abogadoszaragoza.net
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