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UN CASO TRÁGICO DE NEGLIGENCIA
MÉDICA POR FALLO DE DIAGNÓSTICO


Pese a la valiosa labor realizada por los facultativos médicos en el cuidado de nuestra salud, en ocasiones cometen errores que pueden salir extremadamente caros.

Una de las formas más frecuentes de negligencia médica consiste en el fallo de diagnóstico, bien sea por no realizar las pruebas adecuadas para determinar el estado del paciente, bien sea por interpretar erróneamente sus resultados.

Vamos a ver un caso en el que el error de un facultativo a la hora de analizar los resultados de diversos exámenes médicos causó un daño irreparable y de extrema gravedad a un paciente, que se vería obligado a soportar de por vida las consecuencias de ese error.

Enrique, de tan solo cuarenta años de edad, venía notando que algo no iba bien, pues sentía un dolor punzante en su pecho, y como medida de precaución decidió acudir a la consulta de su doctor. Tras realizarle diversas pruebas, este facultativo descartó cualquier posible anomalía, quitándole importancia a sus quejas.

Dos meses después, sufrió un gravísimo ataque cardiaco, requiriendo a causa del grave daño que su corazón hubo de soportar una intervención quirúrgica de urgencia, realizándosele un triple bypass de emergencia, con el que finalmente pudo salvársele la vida.

No obstante, el mal ya estaba causado. Enrique sufrió graves complicaciones derivadas de su infarto que incluían fallos renales, presencia de fluidos en sus pulmones o la extrema dificultad de su corazón de bombear sangre de manera adecuada.


» Las secuelas permanentes que sufrió

Habría sido conveniente que se le practicara un trasplante de corazón, pero a causa de sus graves complicaciones dejó de ser un candidato idóneo para el mismo.

Como resultado del daño cardiaco soportado, Enrique quedó “atrapado” en su propio cuerpo. No podía dar más de diez pasos seguidos sin tener que sentarse inmediatamente. No podía subir o bajar escaleras y respiraba con grandes dificultades.

La mayor parte del día se tenía que limitar a quedarse en su cama o en el sofá, pues no tenía fuerzas para andar por su habitación. Debía tomar hasta 25 pastillas al fía, cada una con sus propios riesgos y efectos secundarios como elevada presión sanguínea, hemorragias, disminución del apetito o diarrea; y ello para poder seguir viviendo.


» El daño económico y moral que se le causó

Obviamente, Enrique nunca volvió a trabajar, quedando como un preso en su propio hogar y necesitando de la asistencia de una tercera persona que se ocupara de su cuidado, siéndole declarada la Gran Invalidez por la Seguridad Social, gracias a lo cual pudo obtener unos ingresos que le permitirían seguir afrontando los gastos de su día a día.

Debió hacer frente a numerosos tratamientos médicos. Además de esos fármacos, debía realizarse análisis de sangre frecuentes y precisaba de inyecciones de insulina a diario. Para poder respirar apropiadamente necesitaba una bombona de oxígeno en su habitación.

Como consecuencia de su estado, Enrique cayó en una depresión. Ya ni siquiera podía jugar con su hija pequeña, incapaz de seguirla por toda la casa. Él, que en el pasado siempre había sido una persona muy activa y vital, había quedado tristemente postergado a las cuatro paredes de su hogar.


» Reclamación por negligencia médica

A la vista del terrible daño que había tenido que soportar, y teniendo siempre en mente el bienestar de su familia y el suyo propio, decidió interponer una Demanda por Negligencia Médica contra el facultativo que actuó sin la diligencia debida, apartándose de los estándares de cuidado médicamente aceptados, al descartar de forma imprudente sus problemas cardiacos.

Lo cierto es que si éstos se hubieran identificado, se le podría haber practicado un bypass y nunca habría sufrido ese devastador ataque que le limitará de por vida.

Ante lo flagrante de los argumentos expresados en Juicio por su abogado, el Tribunal le concedió una cuantiosa indemnización. Nunca podrá volver a recuperar su salud perdida, pero al menos con esa compensación económica podrá asegurar las condiciones de vida que él y su familia merecen.


José Alberto Andrío
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